Cómo poner precio cuando el dólar se mueve
El error más caro de un taller chico: cotizar con lo que pagaste el filamento en vez de con lo que te va a costar reponerlo.
Luciano Pablo Pedrotti · 6 min de lectura
Comprás un rollo de PLA a $18.000. Hacés veinte trabajos con él y cobrás usando ese número. Cuando se termina, entrás a comprar otro y sale $26.000. Facturaste bien todo el mes, no te robó nadie, y sin embargo tenés menos filamento del que tenías.
Eso no es mala suerte. Es un error de cálculo con nombre propio, y se arregla con una decisión de una línea.
Costo histórico contra costo de reposición
El costo histórico es lo que pagaste. El costo de reposición es lo que vas a pagar para volver a tener lo mismo.
La contabilidad de un negocio grande usa el primero. Un taller chico que trabaja con insumos importados tiene que usar el segundo, porque su problema no es informar una ganancia: es seguir teniendo material la semana que viene.
La regla, entonces:
Cotizá siempre con el precio al que vas a comprar el próximo rollo, no con el que pagaste el que estás usando.
Si el rollo que tenés te costó $18.000 y hoy la reposición está $26.000, tu costo de material por gramo se calcula sobre $26.000. Aunque el rollo ya esté pago. Aunque lo hayas comprado en oferta. Aunque te sobren tres.
Suena a que te estás cobrando de más. No: te estás cobrando lo que vale seguir trabajando. La diferencia entre los dos números no es ganancia, es el costo de mantener el negocio en pie.
Cómo se ve en la práctica
Una pieza de 60 gramos, con el rollo a $18.000 el kilo, tiene $1.080 de material. Con el rollo a $26.000, tiene $1.560. Son $480 de diferencia en una pieza sola: nada. En cien piezas al mes son $48.000, que es dos rollos que no vas a poder comprar.
El daño no aparece en un trabajo. Aparece cuando mirás el stock a fin de mes y hay menos material que el mes pasado, con la caja igual.
En la calculadora esto se resuelve cargando el precio de reposición en el material, no el de la última compra. Es el mismo campo; lo que cambia es qué número escribís ahí.
Ponele fecha de vencimiento al presupuesto
Un presupuesto sin fecha es una promesa abierta. Si lo mandás hoy y te lo aceptan dentro de seis semanas, tenés que cumplirlo con los costos de hoy y los precios de hace seis semanas.
Poné validez. Siete días es razonable para materiales importados; quince si estás en un momento tranquilo. Y que se lea, no en letra chica:
Presupuesto válido por 7 días. Pasada esa fecha se recalcula con los precios vigentes.
Nadie se ofende. Todo el mundo entiende cómo funciona. Y te saca de la peor conversación posible, que es tener que subir un precio ya dado.
Los presupuestos que salen de Lere3D ya llevan la fecha de validez adentro, así que no depende de que te acuerdes de escribirla.
Trabajos largos: cobrá contra avance
Un trabajo de dos meses con precio cerrado al inicio es una apuesta, y la estás haciendo vos solo. Hay tres formas de no hacerla:
- Seña alta y saldo contra entrega, con el saldo actualizable. Se aclara desde el principio: si el material sube más de un porcentaje determinado, el saldo se ajusta. Poné el porcentaje por escrito.
- Entregas parciales. Se divide en etapas, cada una con su precio y su fecha. La etapa que todavía no empezó se cotiza cuando empieza.
- Comprar el material al inicio con la seña. La más simple de todas y la que menos discusión genera: la seña alcanza para comprar todo lo que el trabajo necesita, y el precio queda fijo porque el insumo ya está en tu casa.
La tercera es la que mejor funciona con clientes nuevos, porque el cliente ve para qué se usó su plata.
Actualizá una vez por mes, no cada vez que te asustás
Mirar el dólar todos los días y tocar los precios cada vez que se mueve es la manera más rápida de quedar como alguien impredecible. Los clientes que vuelven necesitan saber más o menos qué esperar.
Poné un día fijo al mes —el primero, el que quieras— y hacé el mismo recorrido:
- Precio actual de cada material que usás, del proveedor al que le comprás.
- Precio del kWh en tu última boleta de luz.
- Repuestos y consumibles: boquillas, láminas, alcohol, resina de limpieza.
- Tu valor de hora de trabajo.
Cuatro números. Diez minutos. Si algo se movió más de un 10%, se actualiza; si no, se deja.
Lo que hace la diferencia no es la precisión del cálculo, es la periodicidad. Un taller que revisa sus costos todos los meses gana menos en el mes en que todo sube y no se funde nunca. Uno que los revisa cuando se da cuenta de que algo anda mal ya perdió la plata.
El aumento se avisa, no se descubre
Cuando toques los precios, avisales a tus clientes habituales antes de que se enteren en un presupuesto. Un mensaje corto:
Hola, te aviso que desde el lunes actualizo la lista por el aumento de los materiales. Si tenés algo pendiente para encargar, mandámelo esta semana y te lo tomo con los precios actuales.
Hace dos cosas: te saca de encima la conversación incómoda y te llena la semana de trabajo. La gente que iba a encargarte algo en un mes te lo encarga ahora.
Lo mínimo
- Cotizá con el precio de reposición, nunca con el que pagaste.
- Todos los presupuestos con fecha de validez.
- Los trabajos largos, con el material comprado al inicio o con el saldo ajustable por escrito.
- Un día al mes para revisar cuatro números.
- Los aumentos se avisan con anticipación.
Si querés ver cuánto cambia tu precio con el material actualizado, cargá los valores de hoy en la calculadora y compará contra lo que estás cobrando. La diferencia suele sorprender.
También te puede servir la guía sobre cuánto cobrar por una impresión 3D, que arranca desde cero con la estructura de costos completa.
Preguntas frecuentes
¿Está bien cobrar más caro un rollo que ya tengo pago?
¿Cuánta validez le pongo a un presupuesto?
¿Y si el cliente me dice que el mes pasado le cobré menos?
¿Conviene comprar filamento de más cuando está barato?
Escrito por Luciano Pablo Pedrotti, doctor en Ciencias Químicas. Imprime en 3D en Miramar, Córdoba, desde 2023.
Actualizado el 20/8/2026.